Post Pandemia COVID-19: El abordaje territorial para un modelo económico y social más resiliente y sostenible

Articulo de Roberto Di Meglio, Especialista Senior en Desarrollo Local y Economía Social de OIT Ginebra (RED DETE Europa), publicado en la revista digital DESARROLLO Y TERRITORIO, núm. 7, mayo 2020.

 

A partir del 22 de abril de 2020, el 68% de los trabajadores (más de 2.2 billones) viven en países donde se cerraron los lugares de trabajo. Según estimaciones de OIT, 436 millones de empresas (incluyendo 389 millones de trabajadores por cuenta propia) están en sectores de alto riesgo (manufactura, servicios de alojamiento y comida, comercio al por mayor y al por menor, ventas inmobiliarias). La OIT estima una pérdida del equivalente de 305 millones de empleos en todo el mundo.

Alrededor de 1600 millones de trabajadores de la economía informal se ven muy perjudicados por las medidas de confinamiento y/o por trabajar en los sectores más afectados. Se estima que el primer mes de la crisis dio lugar a una disminución del 60 por ciento de los ingresos de los trabajadores informales a nivel mundial. La disminución prevista es del 81 por ciento en África y América Latina.

La posibilidad que el desempleo mundial crezca en el 2020 va a estar estrechamente relacionada con las tendencias que caracterizarán la economía mundial en el segundo semestre y con el impacto que tendrán las políticas puestas en marcha para mantener los empleos existentes y, una vez la fase de recuperación comience, para estimular la demanda de trabajo.

El informe de OIT recomienda seguir algunas orientaciones en las políticas a poner en marcha, en particular se enfatiza:

– Acelerar la ayuda a las empresas y a los trabajadores.

– Priorizar el apoyo a los ingresos, tanto para las empresas como para los trabajadores, a fin de mantener la actividad económica.

– Dar respuestas adaptadas a las necesidades para sostener a las pequeñas empresas, a través de una combinación de medidas de apoyo financiero directo y garantías de préstamo.

– Apoyar los ingresos de los trabajadores y las empresas que operan en la economía informal es esencial.

– Ofrecer información oportuna sobre el estado de las medidas de contención y de las estrategias de salida.

– Impulsar el empleo y atraer la inversión privada a través de inversiones públicas de gran escala.

– Promover una recuperación con alto coeficiente de empleo para un crecimiento inclusivo y sostenible.

– Las normas internacionales del trabajo deben formar el marco de referencia para las intervenciones en todas las etapas del proceso internacional.

Según el director del Departamento de Empleo de la OIT, Sangheon Lee, interviniendo a un webinar organizado el 30 de abril por Habitat y CGLU sobre las respuestas de las ciudades a la crisis generada por el COVID-19, los gobiernos locales pueden desempeñar un papel crucial en las políticas apoyando las empresas, sus empleos y los ingresos que generan. Especialmente en el contexto de políticas fiscales proactivas (tanto a nivel central como local), los gobiernos locales han de facilitar apoyo financiero a las empresas, especialmente pymes y autónomos, favoreciendo los trabajadores en volver al trabajo y promoviendo formas empresariales enraizadas territorialmente (por ejemplo, las empresas de la economía social y solidaria). Además, los gobiernos locales, a través de estrategias de desarrollo económico local, deben jugar un rol proactivo en los programas de inversión pública al fin de crear empleos decentes a través de inversiones estratégicas en infraestructura social y física (por ejemplo, salud, medio ambiente / clima, digital). Adicio­nalmente se recomienda involucrar, en un dialogo social continuo y efectivo, las organizaciones de la sociedad civil al fin co-construir las propuestas, resolver conflictos y evitar se genere una cultura de dependencia de la ayuda externa.

Las estimaciones OIT antes mencionadas muestran un cuadro de la situación de la crisis que, por gravedad, se compara solamente con aquella generada por la segunda guerra mundial. En los debates actuales en Europa, frente al impacto que está teniendo la crisis en los países más golpeados, los temas centrales, en la dimensión económica, son como asegurar un ingreso básico para todos y los servicios básicos para aquellos sin empleo o con un empleo precario.

Muchas medidas a nivel gubernamental se están aprobando en temas de crédito, fiscales y de legislación laboral para intentar paliar los efectos económicos. En el ámbito económico, un tema sobre el cual hay acuerdo es la necesidad de un partenariado entre el sector público y el privado para sumar y enfrentar una crisis que va a requerir ingentes recursos.

Aprovechar la crisis para transformar nuestras economías, adoptando un paradigma de producción y consumo más sostenible e inclusivo implica entonces, también desde abajo, fuertes alianzas público-privadas que sepan construir una visión de futuro compartida que priorice los bienes comunes, la creación de trabajo digno y el cuidado ambiental.

Esto nos lleva directamente al abordaje territorial del desarrollo económico, ahora más que nunca una necesidad para la co-construcción de políticas públicas que apunten a consolidar una ciudadanía activa. Esto último también un factor importante a la hora de enfrentar situaciones de emergencias como una pandemia, sin caer en la tentación de tener que recurrir a gobiernos no democráticos.

Sin embargo, el abordaje territorial se torna importante no solamente en el plano estrictamente económico sino también en un tema como la salud pública. En Italia, por ejemplo, muchos expertos afirman que se hubiera podido enfrentar mucho mejor la pandemia con una sanidad organizada a nivel territorial. Disponer de una sanidad centrada en grandes estructuras (hospitales) ha implicado varios problemas. El mayor ha sido el concentrarse de personas con síntomas de la enfermedad en las emergencias de dichas estructuras, con el incremento de posibilidades de contagios entre pacientes y con el personal sanitario.

Una sanidad territorial, compuesta por clínicas, atención domiciliaria, residencias de salud y organizando todo lo que se puede hacer en casa, ofrece una respuesta mucho más efectiva, según el asesor principal del ministro de la salud y representante de Italia en la OMS.

La situación epidemiológica italiana ha sido muy diferenciada por regiones, provincias y municipios. Con excepciones, el no disponer de una capacidad de respuesta adaptable a las diferentes exigencias ha puesto en evidencia la incapacidad de poder atender a todos en tiempos y maneras adecuadas.

Concluyendo, en mi opinión, en el caso europeo es imprescindible reforzar identidad y capacidades locales, frente a un mundo siempre más globalizado, al fin de crear las con­diciones para que los gobiernos y actores locales puedan actuar más y mejor en las distintas dimensiones de la vida económica, social y política.

Sin quitar importancia al nivel nacional y supranacional de coordinación sobre temas clave de interés general, reforzar el nivel local va a permitir por un lado preservar la diversidad, y, por otro, enfrentar los problemas que conlleva un mundo siempre más interconectado teniendo en cuenta el contexto.

La actual coyuntura, que pone en toda evidencia la fragilidad humana frente a una enfermedad desconocida, reclama urgentes respuestas en términos de políticas que apunten a un desarrollo inclusivo y sostenible, promoviendo solidaridad. En ese sentido los ODS de la Agenda 2030, adoptada por los 193 países miembros de la ONU en septiembre de 2015, son un referente ineludible. El enfoque integrado del desarrollo local es, sin duda, un instrumento potente en la búsqueda de respuestas al complejo desafío de no dejar nadie atrás y no volver al “business as usual”.